Revista Académica Divulgativa Arjé
ISSN: 2215-5538 Enero a Julio, 2022 Volumen 5, Número 1
Segmento especial
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Una mediación pedagógica para la solidaridad con la otredad: algunos
aportes de la cosmovisión cristiana
A pedagogical mediation for solidarity with otherness: some contributions of
the Christian worldview
Resumen
En la actualidad, se considera cada vez menos la vida en comunidad y el
espacio de interacción con la otredad (personas, animales, plantas, vida en
general); en ese sentido, se priorizan los valores individuales que producen
formas de estar y de ser en la sociedad, las cuales promueven el aislamiento
o la falsa protección de la identidad (Matarrita et al., 2016). De esta manera,
se fomenta anular lo diferente y se generan y fortalecen relaciones de poder
caracterizadas por la exclusión, la opresión, la desigualdad, la destrucción
del planeta, entre otras.
El sistema educativo no escapa de esa realidad, pues tiende a ser violento y,
en algunos casos, enfatiza el valor económico sobre la esencia de la vida.
Por consiguiente, se desarrolla una mediación pedagógica industrializada,
consumista, institucionalizada, masificada y autoritaria (Gutiérrez y Prieto,
2002). Lo anterior llama a pensar en formas alternativas de mediar el
Juan Pablo Vega Carvajal
Universidad La Salle, Costa Rica
Contacto: jvega@ulasalle.ac.cr
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aprendizaje, una de estas es la promoción de la solidaridad.
Palabras clave: mediación pedagógica, solidaridad, cosmovisión cristiana,
educación alternativa, sistema de dominación, otredad.
Abstract
At present, community life, the space of interaction with otherness (people,
animals, plants, life in general) is increasingly being considered less, on the
contrary, individual values that produce ways of being and living are
prioritized. be in society, which generally promote individuality, isolation, or the
false protection of identity (Matarrita, Schiavo and Ventura, 2016). In this way,
it is promoted to annul what is different, with this power relations that are
characterized by exclusion, oppression, inequality, destruction of the planet,
among others, are generated and strengthened.
The educational system does not escape the aforementioned reality;
therefore, it tends to be violent, prioritizing economic value over the essence
of life, consequently, an industrialized, consumerist, institutionalized, massive
and authoritarian pedagogical mediation develops (Gutiérrez and Prieto,
2002). This calls us to think of alternative ways to mediate learning, one of these
is the promotion of solidarity.
Key words: pedagogical mediation, solidarity, Christian worldview, alternative
education, system of domination and otherness
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Introducción
Las ciencias tradicionales tienden a potenciar la convivencia no cooperativa
y no solidaria con el cosmos; por ejemplo, para Darwin la lucha y la violencia
son la fuerza principal subyacente a la evolución de la vida, que provoca
una guerra por la subsistencia, un mundo caracterizado por el
derramamiento de sangre y por superfluas batallas (Tennyson, como se citó
en Lipton, 2005). Según el darwinismo social, parece que las personas
solamente buscan el bien propio: no importa la otredad, la pobreza, la
destrucción del planeta o la violencia.
No obstante, desde una nueva mirada, las ciencias reconocieron otra
realidad contraria a la propuesta por Darwin. Es el caso de Lamarck, como
se citó en Lipton (2005), quien asume la evolución como producto de la
cooperación entre los organismos y el entorno, por tanto, reconoce su
inestimable papel para mantener la vida.
En consecuencia, es fundamental dejar atrás la teoría de Darwin referente a
la individualidad y acoger una enfocada en la vida en comunidad. En esa
línea, se debe recordar que los organismos no pueden ser considerados
como entidades aisladas, pues aprenden unos de otros; por tanto, no existen
muros entre las especies. Al respecto, indican lo siguiente:
Los biólogos han clasificado estas comunidades organizadas
basándose en las estructuras que presentan desde la perspectiva
humana. A pesar de que dichas comunidades parecen unidades
individuales a simple vista -un ratón, un perro, un humano-, son en
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realidad asociaciones altamente organizadas de millones y billones de
células. La tendencia evolutiva hacia comunidades cada vez mayor
no es más que un reflejo del imperativo biológico de la supervivencia.
(Lipton, 2005, p. 53).
Del mismo modo, es posible que, en algunos escenarios dentro de los
sistemas educativos, la solidaridad y la cooperación no sean tomadas en
cuenta y, en su lugar, se favorezcan relaciones de vida sustentadas en la
competencia y en la lucha darwiniana por ser el vencedor, el más apto, sin
importar la otredad.
La educación para la dominación y la conquista
Los sistemas educativos fomentan una selectividad: una “selección natural”
marcada por las condiciones socioeconómicas, así como por los exámenes
de admisión, las evaluaciones, entre otros. Ahora bien, toda selección implica
exclusión; en primer lugar, para aquellas personas obligadas a buscar el
sustento diario como prioridad, cuyas oportunidades educativas son
mermadas; en segundo lugar, se confunde la selección natural basada en
dones, inteligencia, voluntad y capacidad con la selección social como un
aspecto de engaño ideológico del sistema (Gutiérrez, 2013).
Igualmente, las relaciones pedagógicas son sustentadas en el poder, de
forma tal que los sentimientos, las emociones, la identidad y la autonomía de
la persona estudiante están determinados por la autoridad del profesional en
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educación. Por ende, se construye un ser para el maestro y la maestra
(Gutiérrez, 2013) y no para el desarrollo personal de cada quién. Dichas
dinámicas, se encuentran basadas en el adoctrinamiento y la subordinación,
en tanto producto de la estructura jerárquica del sistema dominador, en el
que la economía es independiente de las necesidades humanas.
Así, los sistemas educativos no imitan el comportamiento inteligente de las
células que trabajan solidariamente en comunidad, más bien, se organizan
en clases donde la otredad, en la mayoría de los casos, es anulada a causa
de la opresión y de la urgencia fundamental de adaptarse al sistema, sin
cuestionarlo. Pero, si esto último sucede, el castigo se ejecuta mediante una
estructura de empresa burocrática y jerarquizada que busca “personas de
orden”, en contraposición a seres humanos creativos, cuestionadores, sin un
modelo de vida previamente establecido. En fin, los sistemas educativos se
han convertido, en gran medida, en estructuras colonizadoras y
homogeneizadoras.
Entonces, tal como se dijo, el pensamiento colonial erigido conlleva una
racionalidad desde la competencia, la cual es implantada en muchos
sistemas educativos, donde se utilizan evaluaciones lineales y cuantitativas
formuladas a partir del individualismo y no por medio de un pensamiento
solidario. Por lo tanto, así se aprende a imponerse. Al respecto, Marañon
(2014) señala lo siguiente:
[…] hace referencia a la tendencia del capital de hallar soluciones
cada vez más eficientes, por encima de consideraciones ecológicas,
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ideológicas, éticas y políticas; se trata pues de una racionalidad
instrumental al límite, donde la acumulación del capital es el fin último,
sin importar las implicaciones e impactos de los medios que se usan.
(p. 25)
Consecuentemente, la educación ocurre desde la disociación del
aprendizaje y del conocimiento en áreas inconexas o desvinculadas, en
cuanto esté basada en el mito del conocimiento como representación del
mundo por medio de la objetividad (Nojmanovich, 2014); es decir, parte de
una estética simplista, reduccionista y determinista. De dicho modo, se hace
creer en la “representación” como la imagen del mundo y actuamos como
ciegos guiados por ciegos, quienes pretenden que todos los seres humanos
observen y formen las mismas imágenes.
Recapitulando, es posible aseverar que los sistemas educativos se han
convertido en estructuras colonizadoras y homogeneizadoras. Por tanto, el
sistema de dominación debe ser transformado mediante una racionalidad
solidaria y liberadora que propicie la reciprocidad y el trabajo colectivo. A
ese respecto, el mensaje del Nuevo Testamento, desde una lectura sistémica
contextual, es un llamado a la liberación frente a la estructura de conquista.
Una mediación pedagógica para la solidaridad, aportes de la cosmovisión
cristiana
La mediación pedagógica se entiende como la forma de tratar los
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contenidos y potenciar el aprender, bajo la concepción de una educación
creativa, participativa, expresiva y relacional (Gutiérrez y Prieto, 2002).
Unido a lo anterior, una mediación pedagógica hacia la solidaridad con los
aportes de la cosmovisión cristiana del Nuevo Testamento permite, entre otros
aspectos, observar a la otredad, no solamente en términos de la convivencia
entre las personas, sino de la interrelación con lo vivo, con el cosmos, incluidas
las responsabilidades de cuidar y preservar en toda circunstancia la vida de
las especies que conforman el ecosistema global (Matarrita et al. 2016).
Lo mencionado implica reconocer que todo lo vivo está compuesto por seres
inter-retro-conectados y recíprocamente solidarios (Boff, 2004), donde la
mediación pedagógica que valida la otredad con ayuda del
interaprendizaje; o sea, considera que todos los seres vivos son parte
fundamental del aprender. En palabras de Gutiérrez (2002) se trata de
educar en solidaridad para obtener convivencia.
Para eso, se parte del hecho de que el sistema educativo comete un grave
error está diseñado para que la población aprendiente construya con el
profesor y la profesora, no entre ellos, ellas y todo ser viviente. En respuesta, la
mediación pedagógica para la solidaridad consiste en llevar a la práctica
procesos de aprendizaje bajo la perspectiva de sus participantes como un
sistema complejo.
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Esto es, como una comunidad para aprender, cuyo comportamiento global
es más que la suma de sus partes (participantes), y donde se brinda una
mayor importancia a la estructura y las relaciones que a su composición
(Ritter y Pérez, s.f.).
Por consiguiente, se rescata al grupo y a la comunidad en una excelente
oportunidad para la construcción de aprendizajes y convivencia. Lo que se
aprende tiene significado para la existencia y la vida, con miras a propiciar
un buen vivir para todas las especies y el planeta en general (Matarrita et al.,
2016).
De este modo, la mediación pedagógica para la solidaridad hace posible el
trabajo en comunidad de aprendizaje, se intercambien experiencias,
informaciones y construcciones desde el sentir y el pensar con la otredad.
Para lograrlo, debe emplearse una comunicación abierta, respetuosa y
solidaria entre emisores y receptores, enmarcada dentro de relaciones
pedagógicas dinámicas, horizontales, no lineales, que, a su vez, faciliten una
interlocución centrada más en las experiencias que en la mera información
o conceptos.
Lo anterior, significa tener siempre presente a la otredad, pues el punto de
partida son sus experiencias, sentimientos, creencias, sueños, etcétera, en un
ambiente de respeto y de validación de sus aportes e ideas, aunque eso
implique estar en desacuerdo. Esto favorece las interrelaciones empáticas,
lejos de la violencia, la imposición y la dominación.
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La solidaridad como un sentir, pensar y actuar en la mediación pedagógica
podría constituirse en un actuar aprendido y transmisible de un ser vivo a otro,
aunque no se encuentren en contacto, por medio de los campos
morfogenéticos presentes en cada uno y al tomar en cuenta que “cuantas
más veces se repita un patrón de conducta dado, más intensa será la
resonancia y más fácil será a otros y otras aprender ese comportamiento”
(Sheldrake, 1990, p. 228).
Así, la repetición de la solidaridad en la mediación pedagógica fomentaría
un proceso educativo desde el interaprendizaje, en el cual la estética,
entendida como la capacidad de construir percepciones desde el sentir y
dar significado a la otredad y a todo lo vivo, lo cual, facilita la convivencia
en comunidad.
En otros términos, se visualiza la ejecución de experiencias de aprendizaje
que rescaten lo cotidiano de la solidaridad. El aprender es inherente a la vida
y se experimenta con los diversos sentidos y con la afectividad (vivencia
plurisensorial); además, de fomentar el gozo y el interés, establece una serie
de implicaciones personales y sociales para buscar la transformación de las
realidades, por medio de la recreación y creación de nuevas relaciones con
el contexto y con todo ser vivo.
Ahora, la cosmovisión del Nuevo Testamento, centrada en el mensaje
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esencial de Jesucristo, brinda una serie de principios para pensar la
solidaridad en la mediación pedagógica como una educación alternativa,
que permite la liberación de las personas de su sistema opresor y dominador.
Así pues, en primer lugar, significa la comunicación con el Jesús histórico,
quien brindó perspectivas liberadoras de resistencia de los dominados y los
violentados. Al respecto, el autor Eisler (1987) plantea lo siguiente:
[…] no es sorprendente que Jesús comprendiera que los valores
“masculinos” de dominio, desigualdad y conquista que veía en todo
su entorno, rebajando y distorsionando la vida humana, debían ser
reemplazos por un conjunto de valores menos regidos y más
“femeninos” basados en la compasión, la responsabilidad y el amor.
(Eisler, 1987, p. 141)
Esta opresión del sistema fue atacada vehementemente por Jesucristo,
mediante los valores gilánicos que buscaba fueran aprendidos, por lo que
expresó lo siguiente:
“[…] como ustedes saben, los que son considerados como jefes de las
naciones, las gobiernan como si fueran sus dueños; y los poderosos las
oprimen con su poder. Pero entre ustedes no ha de ser así. Al contrario,
el que quiera llegar a ser el más importante entre ustedes, que se haga
el servidor de todos y el que quiera ser el primero que se haga el siervo
de todos. Así como el hijo del hombre no vino para que lo sirvan sino
para servir y dar su vida para rescatar a muchos.” (Marcos 10:42-45)
En segundo lugar, se trata de romper posiciones epistemológicas y, por tanto,
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visualizar la educación como un arte y un estado interior profundo, como una
especie de polaridad del alma que orienta a las personas no solo en la
infancia, sino, durante toda la vida (Prado y Gutiérrez, 2004).
Aunado a lo dicho, todo cambia cuando se aprende. No se trata solo de
acumular saberes, sino de entender el aprendizaje como una compleja red
neuronal de corporeidad viva que origina saltos cualitativos en la
autoorganización, en el organismo vivo y en el ambiente, por lo cual, se
obtiene una unidad de los procesos vitales y de aprendizaje.
Entonces, se concibe el aprender para la solidaridad como una morfogénesis
social del aprendizaje, es decir, la aparición de nuevas formas (Assmann,
2002) que implican maneras de educar promotoras del cuidado de la vida,
del gozo, del entusiasmo, de la afectividad y, sobre todo, de un profundo
sentido de solidaridad con la existencia. Precisamente, estos principios se
encuentran en el mensaje de Jesucristo cuando señala “No hagas a otro lo
que no deseas que te hagan a ti” o “Ámense los unos a los otros como yo los
he amado” (Reina Valera, 1960).
Dicho de otro modo, se propician formas de aprender y de pensar que
rompen con la visión dual de la vida, propia del pensamiento moderno. Se
trata de la defensa de la existencia en un sentido no reduccionista, desde los
enfoques complejos de la existencia, equivalente a la nueva mirada solidaria.
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De esta manera, se observa la trascendencia de la teoría de la vida como
autopoiesis, la complejidad, los sistemas no lineales y la relevancia del caos
para comprender la sustentabilidad de la vida. Al respecto, es de suma
importancia lo señalado por Boff “[…] El nuevo paradigma apunta hacia una
comprensión compleja de la vida en un entramado trans-sistémico que se
auto refuerza constantemente para preservar esa vida como un todo abierto
y fuera de equilibrio” (2004, p. 32).
Por ende, también es el ejercicio del amor desde un enfoque de la
solidaridad que permite el encuentro con la vida, su cuidado y el sentido de
su significado. Respecto a ello, Maturana y Varela (1998) manifiestan lo
siguiente:
Hemos querido reemplazar el amor por el conocimiento como guía en
nuestro quehacer y en nuestras relaciones con otros seres humanos y
con la naturaleza toda, y nos hemos equivocado. Amor y
conocimiento no son alternativas, el amor es un fundamento mientras
que el conocimiento es un instrumento. Más aún el amor es el
fundamento del vivir humano, no como una virtud, sino que como la
emoción que en lo general funda lo social y en particular hizo y hace
posible lo humano como tal […] (p. 32)
Debido a lo expuesto, el mensaje propiamente del Nuevo Testamento,
enfocado desde esta misma línea, presenta principios para la solidaridad
frente a la otredad.
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Por su parte, en lo que se refiere al cuidado de la otredad, el cual vincula a
las personas, la naturaleza y el cosmos en su sentido amplio, es conveniente
recordar el mensaje contenido en Juan 3:16: “de tal manera amó Dios al
mundo que dio a su unigénito para que todo aquel que en Él cree no se
pierda, más tenga vida eterna” (Reina Valera, 1960). Este es uno de los
versículos más conocidos del Nuevo Testamento, pero también uno de los
más mal entendidos. Así, en el primitivo griego se indica literalmente que Dios
amó tanto al cosmos que dio a su Hijo; por tanto, debe entenderse cosmos
como mundo, cuyo sentido original es creación. Sin embargo, Juan 3:16 se
interpreta de una forma muy diferente cuando se cambia mundo por
creación: “Dios envió a su Hijo como muestra de su amor por su creación”,
como acto de cuidado.
De ahí que, la solidaridad en la mediación pedagógica, a partir de la
cosmovisión del Nuevo Testamento significa defender la vida frente al sistema
que ha impuesto el capital sobre el ser humano, por lo cual, lo más importante
a tratar en la teología es la vida (Martos, 2015).
Fin central de la mediación pedagógica: la promoción de la solidaridad y de
la vida en comunidad como resistencia a la dominación
En síntesis, frente a los diversos problemas de nuestro contexto, originados por
el sistema de vida imperante, la mediación pedagógica basada en los
principios éticos encontrados en la figura del Jesucristo histórico del Nuevo
Testamento puede constituirse en formas de resistencia; las personas podrían
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adquirir una serie de habilidades de vida, así como formas de ser y de estar
favorables a la solidaridad y a la promoción de la convivencia en
comunidad.
Esta propuesta forma parte de una educación alternativa de lucha contra
las constantes injusticias sociales y la visión meramente mercantilista de
conquista del sistema económico dominante. Para ese propósito, se
requieren mediaciones pedagógicas fundamentadas en la cooperación y la
solidaridad, que superen la visión tradicional de las relaciones pedagógicas
jerárquicas. Por el contrario, el acto de aprender debe enfocarse en el
encuentro con los otros: seres humanos, animales o plantas; de tal manera
que la educación sea llevada a cabo desde la perspectiva de la
comunidad.
Además, es indispensable pasar de una educación evaluadora de lo
cuantitativo de manera individual, a otra que promueva una evaluación del
aprendizaje de habilidades de vida, donde la solidaridad sea un tema
transversal. Con eso en mente, dicho proceso debe potenciar los siguientes
aspectos:
La conciencia planetaria.
El cuidado del medio ambiente y demás seres vivos.
La cultura cívica.
La creatividad y la innovación.
El pensamiento crítico y la resolución de problemas.
Las habilidades sociales y transculturales, es decir, aprender con
y desde el otro.
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La espiritualidad.
La comunicación y la colaboración.
La economía solidaria.
La comunicación para el encuentro con el otro (Robinson, 2015).
En conclusión, el desarrollo de la educación desde la otredad bajo la
concepción de la solidaridad e interdependencia entre las personas y los
demás seres vivos del planeta se constituye en una clave epistemológica
para la emergencia de conocimientos, sentires y formas de actuar en la vida.
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