Universidad Técnica Nacional. Alajuela, Costa Rica

Revista Académica Arjé. ISSN 2215-5538

Vol. 9. Núm. 1, 1, 1-27. Ene–Jun, 2026.

Fabiola Quirós-Segura, María José Guevara-Portuguez

https://doi.org/10.47633/1c5kex14

La persona emprendedora en el discurso de la innovación ¿promesa o engaño? El caso del emprendimiento en Costa Rica

The entrepreneur in the innovation discourse: promise or deception? The case of the entrepreneurial ecosystem in Costa Rica

O empreendedor no discurso da inovação: promessa ou engano? O caso do ecossistema empreendedor na Costa Rica

Fabiola Quirós-Segura

Universidad Nacional. Heredia, Costa Rica

https://ror.org/01t466c14

https://orcid.org/0000-0003-2214-9044

fabiola.quiros.segura@una.cr

María José Guevara-Portuguez

Universidad Nacional, Costa Rica

https://ror.org/01t466c14

https://orcid.org/0000-0002-9392-8195

maria.guevara.portuguez@est.una.ac.cr

Recibido 14-10-2025 | Revisado 25-11-2025 | Aceptado 20-1-2026

Resumen

El artículo tuvo como objetivo general analizar el lugar que asume la persona emprendedora en el discurso de la innovación y valorar si, en las condiciones actuales del ecosistema emprendedor costarricense, emprender constituye una promesa de desarrollo socioeconómico o un engaño. La metodología combinó un análisis cuantitativo de la Encuesta Nacional de Microempresas de los Hogares (ENAMEH, 2024) del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, que permitió caracterizar a la población emprendedora en Costa Rica, con un acercamiento cualitativo mediante un taller con 20 personas emprendedoras, a fin de explorar sus percepciones, motivaciones y barreras. Asimismo, se revisaron leyes e iniciativas públicas vinculadas al emprendedurismo. Esta triangulación metodológica permitió articular dimensiones objetivas y subjetivas del fenómeno en diálogo con debates latinoamericanos, que destacan tanto los avances en innovación como las limitaciones derivadas de desigualdades estructurales, concentración de capital y debilidad institucional. Los resultados muestran que el emprendedurismo es una actividad diversa en cuanto a edad y nivel educativo, pero con una mayor participación masculina. Predomina el emprendimiento por necesidad, operando como estrategia de sobrevivencia en contextos informales y con escaso acompañamiento institucional. En conclusión, lejos de responder al ideal hegemónico de innovación y desarrollo, el emprendedurismo aparece como una práctica condicionada por factores estructurales que las personas enfrentan individualmente.

Palabras clave: Costa Rica; innovación; motivación; pequeña empresa; política gubernamental

Abstract

The article aims to analyze the place assumed by the entrepreneur within the discourse of innovation and to assess whether, under the current conditions of the Costa Rican entrepreneurial ecosystem, entrepreneurship constitutes a promise of socioeconomic development or an illusion. The methodology combined a quantitative analysis of the National Household Microenterprise Survey (ENAMEH 2024) conducted by the National Institute of Statistics and Census, which allowed for the characterization of the entrepreneurial population in Costa Rica, with a qualitative approach through a workshop with 20 entrepreneurs to explore perceptions, motivations, and barriers. Public laws and initiatives related to entrepreneurship were also reviewed. This methodological triangulation made it possible to articulate objective and subjective dimensions of the phenomenon in dialogue with Latin American debates, which highlight both advances in innovation and the limitations derived from structural inequalities, capital concentration, and institutional weakness. The results show that entrepreneurship is practiced by people of different ages and educational levels, but with a higher participation of men. Entrepreneurship is mostly necessity-driven, operating as a survival strategy in unequal, informal contexts with little institutional support. In conclusion, far from reflecting the hegemonic ideal of innovation and development, entrepreneurship appears as a practice constrained by structural factors that individuals must face alone.

Keywords: Costa Rica; government policy; innovation; motivation; small enterprises

Resumo

O artigo tem como objetivo analisar o lugar que o empreendedor assume no discurso da inovação e avaliar se, nas condições atuais do ecossistema empreendedor da Costa Rica, empreender constitui uma promessa de desenvolvimento socioeconômico ou uma ilusão. A metodologia combinou uma análise quantitativa da Pesquisa Nacional de Microempresas dos Lares (ENAMEH 2024), realizada pelo Instituto Nacional de Estatística e Censos, que permitiu caracterizar a população empreendedora na Costa Rica, com uma abordagem qualitativa por meio de um workshop com 20 empreendedores, a fim de explorar percepções, motivações e barreiras. Também foram revisadas leis e iniciativas públicas vinculadas ao empreendedorismo. Essa triangulação metodológica possibilitou articular dimensões objetivas e subjetivas do fenômeno em diálogo com debates latino-americanos, que destacam tanto os avanços em inovação como as limitações derivadas de desigualdades estruturais, concentração de capital e fragilidade institucional. Os resultados mostram que o empreendedorismo é praticado por pessoas de diferentes idades e níveis de escolaridade, mas com maior participação masculina. Predomina o empreendedorismo por necessidade, funcionando como estratégia de sobrevivência em contextos desiguais, informais e com pouco apoio institucional. Em conclusão, longe de refletir o ideal hegemônico de inovação e desenvolvimento, o empreendedorismo aparece como uma prática condicionada por fatores estruturais que os indivíduos enfrentam de forma isolada.

Palavras-chave: Costa Rica; inovação; motivação; pequena empresa; política governamental

Introducción

El emprendedurismo1 se considera un fenómeno clave en el desarrollo económico y social. Las investigaciones sobre el tema en América Latina han abordado múltiples dimensiones de este fenómeno, desarrollando estudios que van desde el análisis de los ecosistemas de apoyo hasta las barreras estructurales que enfrentan las personas emprendedoras. En la región latinoamericana, se ha identificado que los ecosistemas de innovación y emprendimiento enfrentan retos comunes. Por ejemplo, en México y Colombia los estudios han señalado la persistencia de barreras de acceso al financiamiento y la concentración de programas en áreas urbanas (Kantis et al., 2020). En Argentina, las políticas de apoyo han tendido a privilegiar emprendimientos tecnológicos, lo cual reproduce desigualdades territoriales (Ferraro & Stumpo, 2010). De igual forma, investigaciones en Brasil advierten que, si bien existen dinámicas de innovación destacadas, los discursos hegemónicos de éxito suelen invisibilizar las experiencias de emprendimiento popular y comunitario (Leal & Figueiredo, 2021).

En el caso de Costa Rica, se ha identificado que, aunque las políticas públicas han propiciado la creación de nuevas empresas, persisten retos importantes en aspectos específicos: a) la formalización de la actividad económica, donde se evidencia un exceso y desvinculación de los procedimientos necesarios para llevarla a cabo; b) el acceso a financiamiento —como créditos, fondos de riesgo o capital semilla—; y c) la existencia de pocos programas de acompañamiento empresarial2 (BID, 2020; Vargas & Marín, 2020). Esta última necesidad ha sido señalada como una brecha crítica para potenciar la competitividad de los negocios emergentes (Valenzuela, 2021).

Ahora bien, para comprender el lugar que ocupa la persona emprendedora dentro de estas dinámicas, es necesario revisar los principales enfoques teóricos desde los cuales se ha interpretado este fenómeno. Algunos autores lo reconocen como motor del desarrollo económico y la generación de empleo (González, 2021), mientras que otros lo abordan como una estrategia que surge frente a la precarización laboral y la ausencia de empleo formal (Ching, 2024). En esta línea crítica, estudios como el de Herrera y Guzmán (2023) advierten que los programas de apoyo al emprendedurismo tienden a reproducir modelos de negocio tradicionales, dejando de lado otras formas alternativas de organización económica.

A partir de estas tensiones, se configura el arquetipo contemporáneo de la persona emprendedora dentro de la sociedad postindustrial. En este escenario, el individuo económico adquiere un rol central en los modelos de desarrollo, influenciado por procesos como la globalización, el avance tecnológico y el intercambio acelerado de información, los cuales tienden a reforzar la lógica de la individualización (Pfeilstetter, 2011). Justamente en este contexto, emerge la figura del emprendedor, asociada a valores como el éxito económico, el conocimiento técnico y el progreso individual. Estas evocaciones, según Santos-Ortega y Muñoz-Rodríguez (2018), se alinean con la lógica discursiva del capitalismo y con una visión heroica del emprendedurismo como sinónimo de crecimiento económico. En continuidad con lo anterior Schumpeter (1942), plantea que la función de la persona emprendedora es

reformar o revolucionar el patrón de producción al explotar una invención, o más comúnmente, una posibilidad técnica no probada, para producir un nuevo producto o uno viejo de una nueva manera; o proveer de una fuente de insumos o material nuevo; o reorganizar una industria, etc. (Formichella, 2005, citando a Schumpeter, 1942, p.12)

Esta perspectiva se relaciona con el concepto de innovación, entendido como toda forma de novedad o transformación, tanto en el plano de las ideas como en el de los hechos tangibles (Marrón, 2001, citado en Cataño, 2017). Desde su vertiente más instrumental, la innovación se ha consolidado como un pilar del desarrollo capitalista, al ser vista como fuente de ventajas competitivas, posicionamiento en mercados globales y nuevos estados de crecimiento3.

En el marco de la relación emprendedurismo-innovación, la persona emprendedora se configura como un agente clave, ya que es “capaz de introducir novedades (...), aportando un valor reconocido por el mercado y la sociedad” (Larrea, 2012, p.14). Sin embargo, para que este proceso tenga éxito, se requiere un modelo que se sustente no solo en habilidades individuales, sino también en valores colectivos, cooperación, acceso a recursos, conocimiento y liderazgo. Bueno (2013), retomando a Formichella (2005), ubica a la persona emprendedora en el centro de la relación entre conocimiento, innovación y desarrollo económico, como un actor que asume riesgos, crea empresas y lidera procesos de cambio tecnológico.

Desde esta mirada, la innovación resultada del proceso de I+D+i, se concibe como una combinación entre aptitud profesional y capacidad social, donde el capital intelectual cobra un papel determinante. Este capital, expresado en forma de activos intangibles, permite, cuando es gestionado adecuadamente, impulsar un desarrollo económico sostenible e integrar una cultura innovadora al sistema socioeconómico. En consecuencia, el individuo emprendedor (e innovador) aparece como motor del cambio, favoreciendo la transferencia de conocimiento y tecnología hacia el progreso social.

No obstante, este enfoque no está exento de críticas. Desde una perspectiva alternativa, Segura y Soto (2019) analizan las implicaciones ideológicas, éticas y políticas del discurso de la innovación, señalando que este puede imponer expectativas que convierten a las personas en “sujetos de rendimiento”, funcionales a la lógica neoliberal. La dominación no se ejerce aquí mediante mecanismos coercitivos tradicionales, sino mediante la autoexigencia, la competencia constante y la transferencia de responsabilidades al individuo. La masificación de este discurso legitima prácticas de autoexplotación, desdibujando los límites entre autonomía y precariedad. Estas críticas encuentran eco en otros análisis latinoamericanos, que subrayan la necesidad de problematizar al emprendedor no solo desde la agencia individual, sino desde los condicionamientos estructurales que afectan la región, tales como desigualdades históricas, concentración de capital y debilidad institucional (Coraggio, 2011)

En una línea similar, Rodríguez y Alvarado (2008) plantean que la persona emprendedora puede actuar como agente de transformación en contextos de exclusión, siempre que exista una praxis ética y socialmente comprometida, acompañada por instituciones que actúen como mediadoras y no sustituyan el protagonismo local. Por otro lado, Gurrutxaga (2013) advierte que las personas emprendedoras no son libres de condicionamientos estructurales, y que su capacidad innovadora se ve limitada por desigualdades sociales, económicas y laborales, lo cual cuestiona su idealización como sujetos autónomos y creativos.

La divergencia entre el discurso hegemónico y las lecturas críticas del emprendedurismo radica, fundamentalmente, en cómo se concibe la relación entre el individuo y el proceso de innovación. Mientras autores como Rodríguez y Alvarado (2008) o Bueno (2013) destacan el potencial transformador de la innovación cuando es liderada por actores empoderados y con acceso a recursos, enfoques críticos como los de Segura y Soto (2019) y Gurrutxaga (2013) advierten sobre los riesgos de la autoexplotación y los límites impuestos por las desigualdades estructurales.

Estas tensiones permiten comprender que la persona emprendedora no es una figura homogénea ni libre de contradicciones, sino un agente condicionado por factores económicos, sociales, políticos y de género. En este sentido, el debate sobre el emprendedurismo no solo interpela el papel del individuo como motor de cambio o innovación, sino que también exige cuestionar las condiciones estructurales que posibilitan, o dificultan, el surgimiento, la consolidación y la sostenibilidad de estas iniciativas. De ahí la necesidad de examinar críticamente las promesas del discurso de la innovación, sus implicaciones éticas y su capacidad real de generar transformaciones en contextos atravesados por la desigualdad.

El objetivo general de este artículo es analizar el lugar que asume la persona emprendedora en el discurso de la innovación y valorar si, en las condiciones actuales del ecosistema emprendedor costarricense, emprender constituye una promesa de desarrollo socioeconómico o un engaño. Para ello, se proponen tres objetivos específicos: a) caracterizar a la persona emprendedora en Costa Rica; b) identificar las motivaciones que impulsan a las personas a emprender; y c) describir las condiciones en que se desarrolla esta actividad económica en el país.

Metodología

Para llevar a cabo este artículo se consideró fundamental reconocer que el emprendedurismo involucra dimensiones objetivas y subjetivas que deben ser analizadas. Con el fin de atender los objetivos de investigación, se buscó describir las características del fenómeno emprendedor, así como las condiciones estructurales y simbólicas que lo configuran en el contexto de Costa Rica.

Para caracterizar a la población emprendedora costarricense e identificar las razones que les motivan a emprender, se analizó la base de datos de la Encuesta Nacional de Microempresas de los Hogares (ENAMEH) 2024 del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). Esta encuesta toma como base el diseño muestral de la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO), el cual es probabilístico, estratificado y bietápico, cumpliendo con los criterios de representatividad nacional. La ENAHO incluye un conjunto de preguntas “filtro” que permite identificar y caracterizar a los hogares donde se desarrollan actividades económicas independientes, ya sea como fuente de ingresos principal o secundaria. Estos hogares constituyen el universo poblacional de la ENAMEH. A partir del análisis de la ENAMEH fue posible: 1. Caracterizar a las personas emprendedoras por sexo, grupo de edad, nivel educativo y jefatura de hogar; 2. Identificar sus motivos para emprender; 3. Identificar los rasgos de formalidad de sus unidades productivas y 4. Reconocer las principales necesidades que enfrentan para garantizar la sostenibilidad de su actividad económica.

Para dar cuenta de la dimensión subjetiva presente en el emprendedurismo, se retomó la información proporcionada por 20 personas emprendedoras en un taller, la convocatoria se realizó con el apoyo del Colegio de Ciencias Económicas, la Asociación de Emprendedores de Costa Rica (ASECRI) y la comunidad de la plataforma Bendita entre Todas. La selección de emprendimientos fue abierta, buscando diversidad en sectores productivos, trayectorias y modelos de negocio. A pesar del respaldo institucional recibido, el proceso de convocatoria presentó dificultades para contactar a personas emprendedoras. No obstante, la información obtenida permitió acceder a percepciones, motivaciones, barreras y tensiones a los que se enfrentan en la práctica las personas al emprender, lo que enriqueció la comprensión del fenómeno más allá de los datos estadísticos. Las percepciones recogidas en este espacio se utilizaron para complementar la discusión cuantitativa.

En adición a lo anterior, se realizó un análisis documental de diferentes leyes e iniciativas públicas a nivel nacional con respecto al fenómeno emprendedor, con la finalidad de identificar los esfuerzos institucionales promulgados para promover el emprededurismo en el país.

Asimismo, se llevó a cabo un análisis documental de leyes e iniciativas públicas nacionales relacionadas con el emprendedurismo, con el propósito de identificar los esfuerzos institucionales orientados a promover esta actividad en Costa Rica. La articulación de estas fuentes de información permitió establecer conexiones explicativas entre los factores estructurales, las experiencias subjetivas y los marcos normativos, contribuyendo a una mirada integral del emprendedurismo y problematizando el lugar de la persona emprendedora en el discurso de la innovación en el país.

Resultados y discusión

A continuación, se analizan los datos de la Encuesta Nacional de Microempresas de los Hogares (ENAMEH) del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos. El rastreo de información es realizado a iniciativas productivas catalogadas como formalmente no constituidas, ello implica que: 1) no se encuentran inscritas en el Registro Nacional4, 2) no poseen un registro formal contable y 3) la persona dueña del negocio no tiene un salario fijo asignado (ENAMEH, 2024).

En el país, este tipo de iniciativas productivas son pequeñas y un 77,6% son unipersonales. A su vez, son desarrolladas primordialmente en el área urbana de la Región Central5, en actividades del sector servicios (49%), comercio (20,3%), industria (19%) y agropecuario (11,7%) (ENAMEH, 2024).

Durante el 2024, el sector emprendedor experimentó un crecimiento del 10,5%, ello implica que el país pasó de 394 540 microempresas de los hogares a 435 779, lo que sugiere un aumento en esta actividad económica. En términos laborales, el emprendedurismo generó 665 665 puestos de trabajo, representando a un 30,8% de las personas ocupadas en el país (ENAMEH, 2024).

Figura 1

Distribución porcentual del sector emprendedor por sexo en Costa Rica, en el año 2024

El gráfico muestra que un 36,4 % del sector emprendedor son mujeres; mientras el restante 63,6 % son hombres.

Nota. Elaboración propia con datos de Encuesta Nacional de Microempresas de los Hogares 2024 del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos

Profundizando en la composición de esta población, el sector estuvo compuesto por 403.504 personas, los datos de la Figura 1, permiten evidenciar una mayor participación masculina en esta actividad. Sin embargo, esta diferencia no permite concluir que los hombres son más propensos a emprender, por el contrario, los datos reflejan una dinámica estructural del mercado laboral costarricense, donde históricamente los hombres han tenido una mayor inserción en el empleo remunerado (ENAMEH, 2024).

Las mujeres en cambio han asumido en mayor proporción las tareas reproductivas y de cuidado, incidiendo directamente en su inserción en el mercado laboral. Esta dinámica tiene como consecuencia la inserción desigual de las mujeres en el mercado laboral formal e informal, que se ven reflejadas en una marcada segregación de género horizontal, marcando una tendencia en la que los hombres y las mujeres se encuentran insertados laboralmente en sectores y ocupaciones específicas. En mujeres esta dinámica obedece a la necesidad de conciliar el trabajo productivo y el reproductivo6, traducido en una mayor exposición a la informalidad, a la precariedad y al subempleo.

Para comprender mejor el perfil de quienes emprenden, la Tabla 1 hace referencia a las características de las personas independientes con respecto al grupo de edad, nivel de educación y jefatura de hogar de las personas trabajadoras independientes.

Tabla 1

Características generales de las personas independientes por grupo de edad, nivel de educación y jefatura de hogar para el año 2024

Variable

Categorías

Total general

Hombre

Mujer

Grupo de edad

Menores de 25 años

3,0

2,2%

4,3%

De 25 a 34 años

13,8

11,7%

17,5%

De 35 a 44 años

22,2

19,0%

27,7%

De 45 a 54 años

24,0

24,4%

23,4%

De 55 a 64 años

24,8

28,8%

17,7%

De 65 años o más

12,3

14,0%

9,3%

Nivel educativo

Sin nivel de instrucción y primaria incompleta

11,5

12,4%

9,8%

Primaria completa

30,2

33,4%

24,7%

Secundaria incompleta

20,9

21,5%

19,9%

Secundaria completa

20,4

18,4%

24,1%

Educación superior

17,0

14,4%

21,6%

Jefatura del hogar

Jefe/a del hogar

64,8

71,3%

53,5%

Jefatura compartida

19,9

17,6%

23,9%

No jefe/a del hogar

15,2

11,0%

22,6%

Nota. Elaboración propia con datos de Encuesta Nacional de Microempresas de los Hogares 2024 del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos

Los datos de la ENAMEH (2024) identifican que las microempresas de los hogares se encuentran compuestas por personas de todos los grupos etarios. En el 2024, un 70% de las personas que emprendían, tenían edades entre los 35 y 64 años, un 13.8% de 25 a 34 años, un 12,3% tenía 65 años o más y sólo un 3% era menor de 25 años.

Aunque en este artículo no se propuso inicialmente abordar el fenómeno desde una perspectiva de género, la naturaleza de los datos invita a señalar de forma diferenciada la forma en que ambos sexos se insertan en el emprendedurismo. Conviene indicar que los hombres que emprenden se encuentran entre los 45 a los 64 años o más, siendo marcada la participación de los hombres de 55 a 64 años (sugiriendo que los hombres ven el emprendedurismo una alternativa para aumentar sus ganancias). Esta dinámica de participación es diferente en mujeres, pues participan de menos de 35 y hasta los 54 años (siendo preponderante su participación de los 35 a los 44 años), etapa reproductiva en la que estas pueden eventualmente asumir actividades asociadas al trabajo de cuidado7.

Sobre el nivel educativo, se identifica que un 30,2% de las personas cuentan con primaria completa, un 20,9% con secundaria incompleta y un 20,4% disponen de secundaria completa. Correlacionando estos datos por sexo, son más los hombres que desarrollan actividades por cuenta propia con educación primaria completa y secundaria incompleta. En cambio, las mujeres que ejercen actividades independientes tienen un nivel educativo de primaria o secundaria completa.

Del total de personas que ostentan educación superior, hay una diferencia del 7,2% entre las mujeres y los hombres que emprenden, siendo mayor el porcentaje de mujeres (21,6%) con bachillerato, licenciatura o posgrado. Este dato coincide con las tasas de graduación a nivel país (ver Tabla 1), esto coincide con una dinámica en la que las mujeres pese al grado de formación superior que ostentan no ingresan o salen del mercado laboral formal para asumir responsabilidades familiares. Por lo que es posible señalar que el emprendedurismo es desarrollado por personas de todos los niveles educativos.

Se observa que un 64,8% de las personas trabajadoras independientes, es decir, más de la mitad, ocupan la jefatura de sus hogares, representando un incremento de 8.3%. Lo que sugiere que cada vez más personas responsables del sustento familiar recurren al emprendedurismo para afrontar las responsabilidades económicas de sus hogares.

A continuación, se presenta el Gráfico 2, que expone las principales motivaciones que impulsan a las personas a emprender en Costa Rica. Según los datos disponibles, existen tres motivaciones principales que llevan a las personas a emprender: 1) por necesidad, 2) por identificar una oportunidad del mercado y 3) por tradición. Entre ellas, la necesidad se posiciona como la motivación principal. (ENAMEH, 2024).

Gráfico 2

Motivación emprendedora por sexo y principal razón para emprender desde la perspectiva de la población encuestada para el año 2024

Gráfico de barras agrupadas. En el eje horizontal se presentan las principales razones para emprender (por ejemplo, oportunidad, necesidad, independencia económica u otras categorías definidas en la encuesta). En el eje vertical se muestra la proporción o porcentaje de personas encuestadas. Para cada razón aparecen dos barras diferenciadas por sexo (mujeres y hombres), lo que permite comparar visualmente la distribución de motivaciones entre ambos grupos. El gráfico evidencia diferencias en la importancia relativa de cada motivo según el sexo de las personas encuestadas, facilitando el análisis comparativo de las tendencias de emprendimiento en 2024.

Nota. Elaboración propia con datos de Encuesta Nacional de Microempresas de los Hogares 2024 del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos

Según los datos del Gráfico 2, el 49,1% de las personas indicó haber emprendido principalmente por necesidad. Las razones más frecuentes fueron: 1) la necesidad de complementar el ingreso familiar (24,0%); 2) la falta de empleo (14,5%); y 3) la imposibilidad de encontrar un trabajo asalariado (8,5%). Por su parte, un 38,4% de las personas emprendedoras afirmó haber iniciado su actividad productiva motivadas por una oportunidad de mercado, por el deseo de tener su propio negocio o por razones vinculadas al bienestar personal. En contraste, con un 12,5% que lo hizo por tradición, dando continuidad a un negocio familiar.

Aunque a nivel nacional la participación de mujeres emprendedoras es menor —debido a las dinámicas de inserción diferenciadas por sexo en el mercado laboral remunerado—, se destaca que un 57,8% de las mujeres emprenden por necesidad, en comparación con un 44,1% de los hombres. Además, es menor la proporción de mujeres que emprenden por oportunidad (36,3% frente a un 39,7% de los hombres), y sólo un 5,9% lo hacen por tradición (versus 16,2% de los hombres) (ver Tabla 2), evidenciando una diferenciación por sexo en las condiciones de entrada al emprendedurismo. A continuación, se presenta la Tabla 2, con la perspectiva subjetiva de las personas para emprender.

Tabla 2

Motivaciones desde la perspectiva subjetiva de las personas para emprender

Informante

Motivación para emprender

Informante 1

“Me gusta como seguir mi camino” (Comunicación personal)

Informante 2

“Es tener esas ganas de hacer lo que me gusta, y disfrutarlo” (Comunicación personal)

Informante 3

“Después de 10 años de trabajo (...) creo que ya era el momento de tener mi negocio propio” (Comunicación personal)

Informante 4

“Los clientes me buscan a mí, porque muchos ven como me gusta hacer cosas” (Comunicación personal)

Informante 5

“Hice un cambio radical de profesión, (...) llevamos muchos años de estar expatriados, y al empezar a formar familia afuera, fue muy complicado volver a regresar” (Comunicación personal)

Informante 8

“Bueno, yo nací en una familia emprendedora” ” (Comunicación personal)

Informante 9

“Siempre quise emprender, siempre quise ser dueña de mi tiempo, (...) me cuesta mucho como tener jefes” (Comunicación personal)

Informante 11

“Todos los que son emprendedores tienen como una chispa especial, no todo el mundo logra tener esa chispa” (Comunicación personal)

Informante 12

“La idea nació porque fui desarrollando esa destreza en capacitar a la gente (...) Por ahí tuve esa chispa, iniciativa, siempre lo tuve, pero no sabía cómo desarrollarlas” (Comunicación personal)

Informante 13

“Yo siento que no funcioné con nada y me mandé de valiente” (Comunicación personal)

Informante 14

“Quería estar más organizada, sabiendo que mi tiempo es mío” (Comunicación personal)

Informante 15

“Porque empecé a trabajar en entretenimiento desde muy pequeña” (Comunicación personal)

Informante 17

“La mayoría de las personas que están en esta área siempre están hechas para tener su propia empresa” (Comunicación personal)

Nota. Elaboración personal a partir de la sistematización de experiencias producto del taller Innovaprende 2023.

Si bien los datos cuantitativos permiten identificar a la necesidad como la principal motivación para emprender en Costa Rica, los testimonios recogidos en el taller revelan que estas razones no se presentan de forma rígida ni excluyente. Las categorías de necesidad, oportunidad o tradición tienden a entrelazarse en trayectorias personales marcadas por ambivalencias, estrategias y resignificaciones. Esto cuestiona la visión institucional que asocia el emprendedurismo con la innovación o la creación de valor, y muestra que, en muchos casos, emprender se configura como una estrategia de subsistencia frente a la precariedad del empleo formal y la insuficiencia de ingresos, especialmente entre personas jefas de hogar. 8

En Costa Rica, el Ministerio de Economía, Industria y Comercio (MEIC) es la entidad pública responsable de fomentar el emprendedurismo en el territorio nacional. Desde la lógica institucional, el emprendedurismo se concibe como “la primera etapa en el proceso de creación y consolidación de un sector empresarial innovador y con potencial para dinamizar la economía nacional” (Ministerio de Economía, Industria y Comercio, 2023, p.2). Es decir, se le reconoce como una fuente de desarrollo económico y de innovación, en tanto puede generar nuevos empleos, mejorar condiciones de ingreso y aumentar la recaudación fiscal.

No obstante, para que el emprendedurismo logre consolidarse como un verdadero motor de desarrollo económico —tal como lo proyecta el discurso institucional—, debería operar en condiciones de legalidad y formalización. En la práctica, esta condición dista de ser accesible para la mayoría: según datos de la ENAMEH (2024), el 58% de las microempresas de los hogares costarricenses operan en la informalidad y el 66,8% no emiten comprobantes de venta (ver Tabla 3). Esta situación evidencia una contradicción estructural entre la exaltación de la figura emprendedora como clave del desarrollo nacional y las condiciones materiales y regulatorias que enfrentan quienes emprenden.

Así, la informalidad no solo obstaculiza la sostenibilidad de los emprendimientos, sino que desactiva las promesas que el modelo institucional asocia a esta figura —como el acceso a derechos laborales, la estabilidad económica o la integración en cadenas de valor—, marcando un punto de quiebre entre el relato y la realidad del ecosistema emprendedor en Costa Rica.

Tabla 3

Microempresas de los hogares por características de formalidad y comprobante de pago para el año 2024

Evidencia de formalidad

Variables

Porcentaje

Características de formalidad

Inscrito en alguna instancia pública

42,0

Tiene contabilidad formal

19,9

Tiene contabilidad por régimen simplificado

10,9

Tiene cédula jurídica

1,7

La persona dueña tiene salario asignado

0,3

Ninguna característica

58,0

Comprobante de venta

Tiene factura timbrada

30,2

Tiene factura electrónica

27,7

Tiene factura no timbrada

4,3

No tiene ningún comprobante de venta

66,8

Nota. Elaboración propia con datos de Encuesta Nacional de Microempresas de los Hogares 2024 del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos

Según el MEIC (2023), la formalización del emprendedurismo provee a las personas de una serie de beneficios, en términos de mercado, le otorga visibilidad, seguridad jurídica y acceso a financiamiento9. En el ámbito laboral, les ofrece mayor estabilidad, protección jurídica, acceso a servicios de salud10 y seguridad económica a través de la consecución de ingresos más estables, esquemas de ahorro y, en algunos casos, la posibilidad de acceder a crédito. Además, la inscripción formal de estas iniciativas permite al Estado recopilar información estadística clave sobre el ecosistema emprendedor, lo que se traduce en la mejora de indicadores de empleo, crecimiento económico y el aumento de la recaudación fiscal (MEIC, 2023).

No obstante, a pesar de la importancia del emprendedurismo en Costa Rica11, los datos mostrados en la Tabla 3 permiten evidenciar que se trata de una actividad que opera mayoritariamente en la informalidad. Esta situación responde, entre otros factores, al desconocimiento que enfrentan muchas personas emprendedoras respecto a los trámites y requisitos necesarios para formalizar sus iniciativas productivas.12

Con el objetivo de mejorar los índices de formalización, el MEIC ha desarrollado la Guía de Fomento al Emprendimiento para Gobiernos Locales. Este documento, de carácter orientador y no vinculante, busca que las municipalidades identifiquen los retos que enfrenta el ecosistema emprendedor en sus territorios para formalizarse. Adicionalmente, se han impulsado esfuerzos a nivel legislativo para visibilizar y respaldar a la persona emprendedora, tal es el caso de la Ley 1067013.

En complemento a los esfuerzos institucionales señalados, se han promulgado normativas como la Ley de Fortalecimiento de las Pequeñas y Medianas Empresas, la Ley de Fomento e Incentivos a los Emprendimientos y las Microempresas, y la Política Nacional de Empresariedad 2023. A partir de lo anterior, se busca integrar a las distintas instituciones vinculadas al emprendimiento, establecer incentivos y apoyos que faciliten a las personas emprendedoras mejorar las condiciones en que desarrollan sus actividades productivas, agilizar los procesos de formalización y fomentar una cultura emprendedora sólida y sostenible.

Sin embargo, pese a este marco legal y los esfuerzos institucionales, muchas personas emprendedoras continúan enfrentando diversas limitaciones para sostener o hacer crecer sus negocios (ver Tabla 4). Ya que, además de la alta tasa de informalidad (ver Tabla 3), persisten barreras significativas como el acceso limitado a financiamiento, la falta de capacitación especializada, la dificultad para diversificar productos o servicios (un aspecto clave para la innovación) y la complejidad de los trámites en las instituciones estatales. A esto se suman otras necesidades no siempre visibilizadas, como la posibilidad de reubicarse estratégicamente o contar con apoyos para el cuido de personas dependientes, que se entretejen en el emprendimiento.

Tabla 4

Necesidades requeridas por las microempresas de los hogares para mantenerse operando o crecer para el año 2024

Necesidades

Porcentaje

Acceso a préstamos

31,1

Acceso a capacitación

24,6

Diversificar los productos o servicios

17,1

Trámites más sencillos en instituciones del Estado

17,2

Aumentar el número de trabajadores

10,3

Asociarse con otros negocios, personas o gremios

8,2

Necesidades de inversionistas

4,4

Otro tipo de ayudas

15,0

Ninguna

45,5

Nota. Elaboración propia con datos de Encuesta Nacional de Microempresas de los Hogares 2024 del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos

Según el MEIC (2023), uno de los mayores retos que enfrentan las personas emprendedoras es la poca sensibilización que existe sobre el emprendedurismo en el sector financiero, lo que reduce significativamente las posibilidades reales de acceso a crédito. La excesiva tramitología para acceder a recursos por la vía formal obliga al emprendedor a “abortar su emprendimiento o buscando los recursos con un prestamista casi sin requisitos, pero a tasas de interés sumamente elevadas (...) y en ocasiones exponiendo su vida con los prestamistas gota a gota” (Asamblea Legislativa de Costa Rica, 2023, p.8), lo que reduce significativamente sus posibilidades de sostenerse o crecer en el tiempo.

A esta problemática se suma la falta de acceso a capacitación (ver Tabla 4). A pesar de ser una herramienta clave para el desarrollo de habilidades empresariales (MEIC, 2023, p. 9). En este sentido, las personas emprendedoras consideran que la capacitación fortalece la gestión de sus negocios y que es un factor determinante para impulsar la innovación, permitiéndoles mejorar la competitividad de sus iniciativas en el mercado (ver Tabla 5).

Tabla 5

Percepción de personas emprendedoras sobre la capacitación como alternativa de innovación en sus negocios

Informante

Capacitación como herramienta de innovación

Informante 1

“Quiero dar un giro a lo que ya tengo (…) yo hago servicios, o sea, fotografía (…) pero me gustaría también abrirme un poquito de espacio como para crear arte, vender arte (…) con las redes sociales uno se empieza a enterar de un montón de fotógrafos que hay, de todo, muy buenos, malos, jóvenes, grandes y definitivamente siento que hay que diferenciar como para lograr sobrevivir ahí” (Comunicación personal)

Informante 2

“Ahorita estoy llevando estimulación temprana y estimulación prenatal. El próximo año quiero empezar con un nuevo proyecto, que va a ser el primer centro de estimulación prenatal, hasta la primera infancia en Costa Rica” (Comunicación personal)

Informante 3

“Estoy intentando entrar a colegios con una dinámicas un poco más lúdicas, en las que puedan (…) decorar sus galletas, decorar sus cupcakes, decorar sus cakes e intentar meter eso en reuniones empresariales” (Comunicación personal)

Informante 4

“Creo que es importante estarse retroalimentando, más con herramientas que le van a llevar a un a proyectarse en el mercado” (Comunicación personal)

Informante 13

“Quiero hacer nuevos proyectos (…) entonces me gustaría mucho la parte de innovación, qué hago diferente, qué implemento, con quiénes puedo hacer alianzas incluso” (Comunicación personal)

Nota. Elaboración personal a partir de la sistematización de experiencias producto del taller Innovaprende 2023.

Como se evidencia en la Tabla 5, la innovación es considerada una herramienta fundamental para el crecimiento de sus iniciativas productivas. Profundizar en la oferta de bienes y servicios disponibles en el mercado les permite identificar nuevos nichos y diversificar sus actividades. De hecho, en las comunicaciones personales analizadas anteriormente, se observa que el concepto de innovar está estrechamente vinculado con la posibilidad de mejorar, crear un nuevo proyecto o transformar lo que ya se realiza. En este sentido, la innovación en el emprendedurismo se manifiesta a través de la capacidad de las personas emprendedoras para reconocer qué distingue su bien o servicio frente a lo que ya existe en el mercado. Esto implica adaptar continuamente la iniciativa productiva a las demandas del entorno para lograr su sostenibilidad a lo largo del tiempo.

Sin embargo, para que este proceso de innovación sea viable, es necesaria la articulación de diversos factores: recursos económicos, oportunidades de capacitación, establecimiento de alianzas y la posibilidad de contratar personal (elementos endebles que ya de por sí son identificados como necesidades por las personas emprendedoras14). La ausencia o fragilidad de estos componentes eleva el riesgo de que las iniciativas productivas no logren sostenerse, lo cual contribuye al aumento de la tasa de mortalidad de los emprendimientos en el país.

Según los datos de la ENAMEH (2024), del total de personas emprendedoras registradas que indican tener necesidades, sólo un 11,1% de estas solicitó apoyo en los últimos doce meses a instituciones como el Instituto Mixto de Ayuda Social, Instituto Mixto de Ayuda Social o Universidades, ministerios de gobierno, cooperativas o asociaciones solidarias y bancos públicos o privados. Y de éstas sólo un 4,14% recibió financiamiento, un 2,62% recibió capacitación, asistencia técnica o asesorías y sólo un 0.84% recibió otro tipo de apoyo.

En suma, los datos analizados evidencian una brecha importante entre las políticas formuladas y las condiciones reales que enfrentan las personas emprendedoras en Costa Rica. La baja cobertura de apoyos institucionales, las dificultades para acceder al crédito, la precariedad laboral y la alta informalidad revelan que muchos de estos emprendimientos operan en contextos de vulnerabilidad estructural, dónde la promesa del emprendimiento como motor de crecimiento económico, en la práctica se encuentra permeado por una serie de retos que deben enfrentan las personas emprendedoras a lo largo del tiempo.

Sumado a ello, se pueden identificar dinámicas de género que intervienen en el emprendimiento y que dan cuenta de actividad económica traspasada por una serie de condicionantes culturales, económicos e institucionales.

Conclusiones

Este artículo permitió problematizar el lugar que ocupa la persona emprendedora dentro del discurso de la innovación en Costa Rica, revelando tensiones fundamentales entre las promesas de desarrollo económico e innovación asociadas al emprendedurismo y las condiciones reales en que se ejerce esta práctica. Lejos de constituir una figura homogénea y autónoma, el análisis evidenció que la persona emprendedora es un agente profundamente condicionado por factores estructurales (económicos, sociales, de género y territoriales), que delimitan sus posibilidades reales de acción, innovación y sostenibilidad.

Los resultados permiten afirmar que, aunque el discurso institucional insiste en posicionar el emprendimiento como una vía de desarrollo individual y colectivo que beneficia al país por su alta capacidad innovadora, en la práctica para un alto porcentaje de las personas emprendedoras esta se configura como una estrategia de supervivencia. Ya que, al caracterizar a la población emprendedora, se constató que la mayoría son personas trabajadoras independientes, cuyas iniciativas son unipersonales, no formalizadas y concentradas en sectores como los servicios y el comercio. Por su parte, las mujeres emprendedoras enfrentan una serie de ambivalencias, pues a pesar de contar con mayores niveles educativos, su inserción en este puede deberse a que se trata de un sector laboral que ingresa y sale de la dinámica emprendedora en función de las necesidades del hogar y adicional a lo anterior, su permanencia en esta actividad productiva se encuentra marcada por más limitaciones en el acceso al crédito, entre otras.

Además, la necesidad económica emerge como la principal motivación para emprender, especialmente entre mujeres, desplazando la idea de que el emprendimiento nace de una oportunidad identificada en el mercado. Esto contradice la narrativa que asocia el emprendedurismo con innovación, empoderamiento o desarrollo, y pone en evidencia su función compensatoria frente al debilitamiento del empleo formal y las fallas del sistema de protección social.

Las condiciones materiales en que se emprende (informalidad, escaso acceso a financiamiento, falta de capacitación, ausencia de acompañamiento técnico y baja incidencia de apoyo institucional), revelan una fuerte desconexión entre la política pública y la realidad vivida por quienes emprenden. En este contexto, aunque la innovación es valorada por el discurso económico que ve en esta actividad como un medio para diferenciarse o rediseñar sus iniciativas, esta no puede ejercerse plenamente si no existen condiciones mínimas que la hagan posible. Innovar no es por tanto un acto voluntarista, sino una práctica limitada por el acceso desigual al conocimiento, los recursos y las redes de apoyo, en un contexto social en que el emprendimiento se convierte en una alternativa para generar ingresos en tanto no se encuentran alternativas en el mercado laboral formal.

En síntesis, este artículo confirma que, aunque el emprendimiento se constituye como alternativa económica para la personas que forman parte del sector, en las condiciones descritas a lo largo del artículo, emprender se presenta para estos menos como una promesa de desarrollo socioeconómico y más como una trampa discursiva, que aunque institucionalizada y con incentivos legales promulgados, recae en lógicas de informalidad laboral, donde el riesgo y la responsabilidad de emprender e innovar recaen de forma desproporcionada sobre el individuo. Esta constatación invita a cuestionar críticamente el discurso idealizado de la innovación asociado al emprendimiento, e impulsa la urgencia de construir modelos de apoyo al emprendimiento que no solo reconozcan las desigualdades existentes, sino que sitúen contextualmente en los desafíos identificados, de manera que lo anterior, permita la transformación de los retos en los que ejerce el emprendimiento en Costa Rica.

Referencias

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Notas al final

  1. 1 En este punto conviene diferenciar conceptualmente entre “emprender” y “emprendedurismo”. “Emprender” es un verbo que describe la acción de iniciar un proyecto o negocio, mientras que “emprendedurismo” refiere a la capacidad o conjunto de condiciones que permiten emprender. Esta capacidad puede estar influenciada por factores como el acceso a recursos, el entorno socioeconómico y las políticas públicas que faciliten o dificulten la actividad emprendedora.

  2. 2 Ver Tabla 4.

  3. 3 Todas ellas promesas del sistema.

  4. 4 El Registro Nacional de Costa Rica es la institución pública, adscrita al Ministerio de Justicia y Paz, encargada de la inscripción, control y resguardo de diversos bienes y actos jurídicos.

  5. 5 Comprende las provincias de San José, Alajuela, Cartago y Heredia.

  6. 6 Entendiéndose trabajo productivo, como aquel trabajo que se realiza de manera remunerada en el mercado laboral y que es reconocido por el sistema económico formal. Mientras que el trabajo reproductivo se encuentra vinculado al trabajo de cuidado e implica todas aquellas actividades desarrolladas para propiciar el bienestar de las personas y la fuerza de trabajo, normalmente este no es reconocido formalmente ni es remunerado.

  7. 7 Valdría la pena analizar en otros estudios la vinculación del tema con el uso del tiempo de las mujeres.

  8. 8 En enero de 2025, el costo per cápita de la Canasta Básica Alimentaria en Costa Rica aumentó en un 54%, siendo el nivel más alto en los últimos 14 años, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos. (INEC, 2025). Según el Programa Estado de la Nación (2024), el mercado laboral costarricense sigue caracterizándose por una alta informalidad, una débil creación de empleo formal y una recuperación desigual tras la pandemia, lo que ha afectado con mayor fuerza a jóvenes, mujeres y personas con menor escolaridad. Estos grupos presentan mayores tasas de desempleo, subempleo y no participación, y son considerados una “población de reserva” cuya inserción se activa solo ante restricciones de ingreso en los hogares. Además, el empleo independiente fue uno de los más golpeados en términos de ingreso y estabilidad, lo que refuerza el uso del autoempleo como mecanismo de compensación frente a la exclusión del empleo asalariado y la pérdida de trabajos informales.

  9. 9 Según las disposiciones de la Ley 8262

  10. 10 Es requisito que las personas emprendedoras se inscriban como trabajadoras independientes, lo que les permite acceder a los servicios de salud del Estado y a cotizar para una pensión.

  11. 11 Evidenciada por su crecimiento sostenido en el tiempo y por su peso en la tasa de participación en el mercado laboral.

  12. 12 Según el MEIC la formalización del emprendimiento implica la gestión de un: 1) permiso de uso de suelo; 2) permiso sanitario de funcionamiento; 3) certificado veterinario de operación (paso que no es obligatorio para todos los emprendimientos); 4) tramitar el registro único tributario; 5) disponer de la póliza de riesgos del trabajo del Instituto Nacional de Seguros; 6)tramitar la patente municipal; y 7) inscripción patronal en la Caja Costarricense del Seguro Social. Para profundizar en lo anterior, se recomienda consultar la Guía de Fomento al emprendimiento para Gobiernos Locales, 2023.

  13. 13 Mediante la cual se declara el 16 de abril como el Día Nacional del emprendedor, a partir de esto busca generar diversas actividades para impulsar la labor y la cultura emprendedora a partir de la articulación del ecosistema emprendedor.

  14. 14 Ver Tabla 4

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