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Yulök Revista de Innovación Académica, ISSN 2215-5147, Vol. 98, N.º 1
Enero-Junio 2026, pp. 78-94
Navas, C. y Valdelomar, N. (2026). Pertinencia de la Enseñanza Bimodal:
El caso del Curso Estrategias de Lectura en Inglés I.
En este punto, es necesario aclarar que la interacción sin-
crónica puede variar según los requerimientos del curso,
como lo aclara la Vicerrectoría de Docencia, en esta re-
solución:
La presencialidad puede ser de carácter sincrónico,
mediante la convergencia espacial y temporal de las
personas participantes del curso; o bien, de carácter
asincrónico, cuando la interacción de las personas
participantes está marcada por la divergencia espa-
cio-temporal. (Resolución VD-R-9374, 2016, p.2)
Con base en estos lineamientos, es necesario determinar
el grado de virtualidad óptimo para cada curso, el cual de-
penderá de diversos factores que deberán ser analizados
por las autoridades de las unidades académicas corres-
pondientes, su cuerpo docente y el estudiantado, quienes,
como actores del proceso y receptores de su resultado,
pueden aportar información valiosa.
Entre los diferentes niveles de virtualidad reconocidos
por la UCR, la modalidad híbrida presenta una serie de
ventajas que deben considerarse. Según Gómez (2017),
entre estos beneficios se encuentran la promoción de la
autonomía de los discentes en términos de la construc-
ción de su propio conocimiento, el desarrollo del pensa-
miento crítico, una comunicación más eficaz y expedita,
así como la disponibilidad de materiales actualizados en
todo momento, pues estos se alojan en el entorno virtual.
A su vez, en cursos con mayor cantidad de horas de tra-
bajo en clase y que requieran la asistencia en al menos
dos días de la semana, la bimodalidad cobra relevancia
por sus características, pues ofrece una mayor flexibili-
dad. Así, un 50% de los encuentros se pueden dar en un
aula física y otro 50% mediante plataformas virtuales; de
esta forma, las lecciones híbridas ocurren por medio de
un encuentro físico o virtual (plataforma Zoom o Teams)
seguido de una segunda sesión asincrónica. No obstante,
cuando la lección se imparte de manera virtual, esta pue-
de consistir en una breve interacción sincrónica, seguida
de trabajo autónomo y asincrónico en el entorno virtual
de aprendizaje (EVA).
Es apropiado afirmar que la institución cuenta con las he-
rramientas necesarias para ofrecer cursos con diferentes
grados de virtualidad y está preparada para hacerlo con
un alto nivel de calidad, puesto que lleva un largo cami-
no recorrido en este campo. Para empezar, la Vicerrec-
toría de Docencia y el Centro de Informática iniciaron
la labor de la instalación de la plataforma institucional
de Mediación Virtual y recomendaron su uso a la pobla-
ción docente y estudiantil desde el año 2009. En el 2016,
se establecieron los “lineamientos curriculares, pedagó-
gicos, didácticos, docentes y administrativos relativos a
la creación y gestión de entornos virtuales para impartir
docencia con algún grado de virtualidad” por medio de la
resolución VD-R-9374-2016 (VD-11502-2020, 2020, p.
1). Más recientemente y como resultado del aprendizaje
adquirido fruto de la virtualidad forzada por la pandemia,
se establecieron nuevas regulaciones con respecto del
desempeño docente.
Cabe destacar que un cambio a la modalidad híbrida (o a
cualquier otra modalidad que implique virtualidad) debe
ser producto de un proceso de reflexión y de análisis. Se-
gún un informe de la UNESCO (mencionado por Area,
2019), una transformación de esta magnitud requiere que
las instituciones de nivel superior —como es el caso en
cuestión— preparen a su personal docente con el fin de
enfrentar los desafíos de lo que se conoce como la so-
ciedad de la información. En la Resolución VD-11502-
2020 de la Vicerrectoría de Docencia, por ejemplo, se
delimitaron las responsabilidades de la persona docente,
sin importar el grado de virtualidad de un curso, de forma
tal que se tomen en cuenta “el desarrollo íntegro de las
dimensiones cognitivas, actitudinales y procedimentales
en el estudiantado, las interacciones docente-estudiante
y estudiante-estudiante, la realimentación y la reflexión y
el acompañamiento entre actores” (2020, p. 4).
Por otra parte, el estudiantado, también, debe prepararse
para un cambio de este tipo. En la Escuela de Lenguas
Modernas, por ejemplo, es necesario cumplir con cier-
tas condiciones mínimas para optar por cursos con algún
grado de virtualidad. Es así como en la Guía de Horarios
de la ELM (2023, p. 2), se les solicita atender algunas
indicaciones fundamentales tales como “contar con una
computadora con micrófono y cámara de vídeo, verificar
que cuenta con una conexión estable a internet, participar
activamente en clase, prestar atención a las explicaciones
del docente, y no matricular cursos con superposición ho-
raria con actividades ajenas a la clase virtual, por ejem-
plo, reuniones de trabajo, entrevistas laborales y clases en
otras instituciones educativas”.
Sin embargo, hay otros aspectos igualmente importantes
a considerar al optar por cursos con componente virtual,
tales como contar con una conexión a Internet estable,
acceso a dispositivos adecuados y competencias digita-
les básicas. También, resultan fundamentales los facto-
res socioemocionales como la motivación, la disciplina
personal y una adecuada gestión del tiempo. Al respec-
to, Gómez (2017) señala que el estudiantado debe saber
adaptarse a estas modalidades; de lo contrario, aumenta
el riesgo de deserción. En la misma línea, si los discentes
carecen de habilidades de estudio apropiadas, la modali-
dad difícilmente alcanzará el éxito esperado.